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Los hombres que hundieron La Seda de Barcelona

la sedaLa Seda de Barcelona se encuentra al borde de la desaparición. El pasado 30 de enero, el juzgado número 1 de lo mercantil de Barcelona declaró abierto la fase de liquidación de la empresa. Al traste casi cien años de historia, una historia turbulenta en la que sobrevivió a los bombardeos en Barcelona durante la Guerra Civil y que le llevó a desaparecer en los noventa. Con el nuevo siglo, La Seda de Barcelona se reinventó e ilusionó a nuevos inversores, incluidos pequeños accionistas, abandonando el sector textil para convertirse en líder en el sector petroquímico, fabricando envases de plásticos para las principales marcas europeas de alimentos.

En pleno proceso de reconversión de La Seda de fabricante de textil a química, entra en juego el primer nombre propio para entender el declive de la compañía, Manuel Matos Gil, un empresario portugués que gestiona el patrimonio de una de las familias más importantes del norte del país vecino. A través de Imatosgil entró en el capital de la petroquímica a principios del nuevo milenio con un puesto en el consejo de la administración, aprovechando la debilidad financiera de la compañía. La familia no era ajena al negocio de envases de plástico. El imperio luso comenzó a crecer con Neoplástica. Al año siguiente de su estancia en La Seda, los Matos Gil venden la compañía y comienzan a diversificar sus inversiones con presencia en el sector financiero (BBVA, Santander y Espírito Santo), renovables, inmobiliario y sin olvidar el propio sector petroquímico europeo. Los portugueses compraron fábricas de PET por todo el continente que posteriormente fueron vendidas a La Seda en plena expansión de la compañía.

En pocos años, Imatosgil se hace con el control de La Seda comprando las acciones del brazo inversor del grupo Planeta, Inversiones Hemisferio, y ejecutando los derechos de adquisición sobre los títulos de Ibersuizas y Paul Capital. Además, de cerrar un núcleo duro en el capital con el banco estatal portugués Caixa Geral. Indirectamente, llegó a controlar más del 30% de la compañía, pero nunca ocupó la presidencia hasta que se salió del capital en 2010. Su mandato en la sombra estuvo cargado de polémica, con denuncias de accionistas minoritarios de inflar los precios en las adquisiciones de la compañía para beneficio propio. Las operaciones de La Seda fueron cuanto menos curiosas. Un ejemplo fue la venta de Artenius Portugal por 35 millones en 2003 y luego recomprada por 5,5 millones por la familia lusa en 2011. En este periodo Imatosgil recibió préstamos por valor de 17 millones a través de la filial portuguesa. Una deuda que quedaría sin pagar al recomprar Imatosgil la empresa.

Imputaciones por desviación de fondos.

Uno de los accionistas históricos de La Seda, el abogado barcelonés Jacinto Soler Padró, que compró más de la mitad de la compañía por una peseta tras la espantada de Azko Nobel, a principios de los noventa, fue uno de los más beligerantes con los gestores acusándoles compraventa activos con precios inflados. Antes de que saltaran todos los escándalos que han salpicado a la empresa, algunos expertos apuntaban que la estrategia de los portugueses iba a ser parecida como en Neoplástica cuando amagaban lanzar una OPA, hacer crecer la compañía a través de un fuerte endeudamiento -la deuda llegó a alcanzar los 1.400 millones en 2009- para luego venderla a algún gigante de Estados Unidos. La seda se convirtió en líder europeo de fabricante de los envases de plásticos PET. Durante este período, el máximo responsable de La Seda fue Rafael Español, que mantenía la presidencia desde 1994 hasta que el escándalo estalló en 2009, cuando se descubrió el verdadero agujero de la compañía, que superaban los 500 millones de euros, y veían la luz decenas de operaciones fraudulentas. Actualmente, está acusado por la Fiscalía de desviar 12 millones de La Seda pidiendo 27 de años de prisión por delitos de apropiación indebida y falsedad documental, a raíz de las denuncias de varios accionistas.

A Rafael Español le sustituyó Joan Castells que apenas duró diez días en cargo. José Luis Morlanes fue nombrado presidente. Ligado toda casi toda su vida laboral a La Seda como sindicalista tuvo próspera carrera en la política en PSC y UGT. Entró en el consejo de administración de la compañía como representante de los trabajadores a propuesta de Español. Pasó por varios cargos directivos, en los cuales bajo su responsabilidad se produjeron varias operaciones investigadas por la justicia. Mientras fue responsable del negocio inmobiliario, sector en el que tenía experiencia al haber sido concejal de urbanismo de Cornellá, se produjo el caso de la fábrica de El Prat Llobregat, por el cual está acusado por la Fiscalía por desviar 2,5 millones. También formó parte como consejero de la filial Artenius San Roque que cedió de forma ficticia una patente por valor de 100 millones.

De nuevo en manos portuguesas

En plena lucha por la supervivencia, La Seda negocia con la banca acreedora la refinanciación de más de 800 millones, y en busca desesperada de un nuevo socio que reflote la compañía despierta el interés de la compañía portuguesa BA Vidrio, dedicada a la producción de envases de vidrio. Finalmente, entrará en el capital de la compañía a través de una ampliación de capital de 300 millones que da algo de oxígeno a la compañía. Carlos Moreira, dueño de la compañía lusa y principal accionista de La Seda con un 18% del capital, asume la presidencia a finales de 2010. Morlanes pasó a ser vicepresidente ejecutivo, hasta que este verano fue expulsado del consejo tras otro breve período como presidente al apoyar los planes de los acreedores para salvar a la compañía.

A Carlos Moreira, denunciado por los accionistas minoritarios por conflicto de intereses, pero si a Matos Gil, Español y Morlanes cavaron la tumba de La Seda de Barcelona; el portugués procederá a enterrarla. En su lucha con el fondo buitre Anchorage, que se hizo con más del 50% de la deuda de la compañía, con el objetivo de hacerse con el control de la compañía la ha empujado al abismo solicitando la liquidación de los activos salvo del negocio de embalajes. Desde el pasado verano cuando la empresa entró de nuevo en concurso de acreedores ante el fracaso de la última ampliación de capital y la imposibilidad de afrontar pagos, BA Vidrio y el fondo estadounidense han mantenido una dura negociación con intereses enfrentados por el control de la compañía. Moreira siempre interesado en la parte del negocio para salvar su inversión no le ha importado dejar caer a la compañía

http://www.dirigentesdigital.com/economia-y-empresas/37-economia-y-empresas/215367-los-hombres-que-hundieron-la-seda-de-barcelona

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