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LA SEDA REESTRUCTURACIÓN O VACÍO


La histórica compañía catalana se aferra a la última opción para salvar la mala gestión de unos dirigentes que la han llevado en los últimos años a una situación límite.
El futuro de La Seda de Barcelona pende de un hilo y se la juega todo a una sola carta: el éxito de la ampliación de capital.

Con una deuda bruta de 943 millones de euros y un Ebitda negativo de 63 millones de euros al cierre del ejercicio 2009, la compañía química se ha visto obligada a poner en marcha un plan de reestructuración que no solo prevé reducir a la mitad la deuda sino también ampliar su capital en 300 millones de euros.

Según su Presidente, José Luis Morlanes, los bancos acreedores se han comprometido a suscribir 150 millones, mientras que tres accionistas del grupo, BA Vidrio, Caixa Geral y Liquidambar Inversiones Financieras, aportarán 65, 25 y 15 millones de euros respectivamente. De momento esto es tan solo un compromiso sujeto a una serie de condiciones que tienen que ver con los plazos de suscripción y desembolso del capital, por lo que no hay nada seguro, al igual que también es incierta la procedencia del resto del capital.

Desde la empresa se asegura que la ampliación se va a cubrir., “Sería absurdo que una reestructuración de este calibre se fuese al traste por 50 millones”, asegura Morlanes.

La operación comenzó el 17 de julio y se divide en tres vueltas: un primer periodo de suscripción preferente por el cual los accionistas podrán adquirir 67 acciones nuevas por cada 14 antiguas hasta el 31 de julio. También podrán acudir a la segunda vuelta, de suscripción adicional hasta el 6 de agosto. De no cubrirse la ampliación, se abriría un periodo de asignación discrecional del 9 al 11 de agosto.

Con esta ampliación, el Consejo Directivo tira por los suelos el valor de La Seda poniéndolo a precio de mercadillo. La operación supone la emisión y puesta en circulación de 3.000 millones de acciones por valor de 0,10 euros.

La CNMV advierte
Tras los trece meses de suspensión impuestos por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) debido a las irregularidades cometidas en la gestión empresarial, este organismo decidió levantar la suspensión el pasado 2 de julio bajo la advertencia de que si no se culmina la ampliación, los acreedores podrían instar la declaración del concurso. El regulador argumenta que si la operación no llega a buen puerto, La Seda incumpliría el acuerdo con el sindicato de entidades acreedoras. También recordó que algunos consejeros de La Seda se encuentran involucrados en procesos civiles, administrativos y penales.

Esto no ha sentado muy bien en la multinacional química, “la advertencia es más curarse en salud que una hipótesis razonable de trabajo”, según el presidente.

Como consecuencia de ello, la falta de confianza de los inversores y las dudas que sus principales gestores han sembrado a lo largo de los últimos años provocaron que en su regreso al parqué, el 5 de julio, se dieran un gran batacazo. En su primer día se desplomó un 52,35% y el valor de la acción cayó a los 0,162 euros frente a los 0,34 euros que tenía en el momento de la suspensión.

Pero el momento más esperado arrancaba con la ampliación de capital. Sus acciones se dispararon un 31,19% hasta los 0,143 euros, mientras que los derechos de ampliación se desplomaron el 42, 86%, lo que reafirma el abaratamiento del valor de los títulos nuevos. Esta disparidad en el precio de la acción y del derecho no hace más que aumentar la incertidumbre sobre el éxito de la operación. El principal factor de riesgo está en la posibilidad de no llegar a los 300 millones, ya que los inversores que compren los derechos necesarios para acudir a la ampliación perderían el importe pagado por los mismos.

En juego la supervivencia
La ampliación es tan solo un parche que no resolvería de un plumazo los problemas de La Seda. La situación financiera mejoraría, pero con un coste más elevado, mientras que los inversores, especialmente los minoristas, seguirían perdiendo sus ahorros.

Por ello, la verdadera supervivencia pasa por destituir a todos los miembros del Consejo de Administración que han provocado esta situación por una gestión más basada en la búsqueda de sus propios intereses que en velar por la salud de su negocio.

Cambios en el poder
Morlanes abandonará la presidencia de La Seda tras la ampliación. Durante los 13 meses que Morlanes ha estado al frente de la empresa, la crítica situación y su gestión, no han servido para mejorar las cuentas de La Seda, aunque él afirma haber cumplido con su compromiso de llevar a la empresa a buen puerto. Su puesto será ocupado con toda probabilidad por Carlos Moreira, presidente de la portuguesa BA Vidrio, que, además, se convertirá en el primer socio industrial en 20 años. El nuevo capital ascenderá a 362,6 millones de euros, de los cuáles la banca acreedora tendrá el 41%, mientras que el resto aumentará en función del capital suscrito.

Objetivo: salvar La Seda
La historia de la Seda está plagada de irregularidades en sus cuentas, operaciones dudosas y pérdidas millonarias que han llevado a la compañía al punto de jugarse su futuro en pocos meses, y todo ello por culpa de la gestión de sus dirigentes. Así lo llevan denunciando desde hace años un grupo de minoristas agrupados bajo la plataforma “Unidos por la Seda”, que ahora también cuentan con la colaboración de la Asociación Española de Accionistas Minoritarios de Empresas Cotizadas (AEMEC) y Cremades & Calvo-Sotelo Abogados en su lucha para salvar La Seda.

Los accionistas minoritarios no consiguieron reunir un 30% de los votos en la última Junta de Accionistas, celebrada el 22 de junio, con el objetivo de cesar en sus cargos a Morlanes, Moreira y Carlos Gila (actual vicepresidente). Junta en la que Morlanes interpuso una querella contra el presidente de Unidos por la Seda, Juan Frutos, por injurias y calumnias.

En los últimos meses estas denuncias no han parado. El presidente de la plataforma se queja de que el plan de reestructuración va a perjudicar a los minoristas, entre otras cosas porque se están vendiendo o están en procesos de ventas muchas de las plantas que son rentables para la compañía, como la de Sines (Portugal), mientras que la ampliación “es un regalo para favorecer a los nuevos inversores y a los bancos pertenecientes al crédito sindicado. La Seda vale mucho más”.

No solo Morlanes y otros consejeros han sido los protagonistas de estas denuncias, la plataforma también ha interpuesto dos demandas contra la CNMV por prevaricación y omisión de sus labores de control, “por no tener en cuenta las denuncias sobre las irregularidades ni tomar medidas contra sus gestores”, según Juan Frutos, quién también denuncia “el trato favorecedor de la CNMV a La Seda”. La CNMV no se ha querido pronunciar al respecto.

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