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La Seda, ante su último Expediente X

rp_la-seda-150x150111.jpgSin ninguna duda el culebrón empresarial protagonizado por La Seda de Barcelona es el más largo que se ha vivido en Cataluña en las últimas décadas. Compras, ventas, alianzas, traiciones, fusiones, separaciones, operaciones simuladas, querellas cruzadas, opas frustradas, la imputación del presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y muchas, muchas páginas de información publicada donde los periodistas apenas hemos podido demostrar y publicar un 10 por ciento de lo ocurrido. Sólo la punta del iceberg, me confirmaba un antiguo empleado.

Ahora La Seda se muere. Es decir, se encamina hacia la liquidación completa de la compañía de la mano de José Vicente Estrada Esteban, el administrador concursal de Forest Partners que el pasado viernes se incorporó al elenco de oscuros personajes del culebrón al prohibir el acceso de la prensa a la junta de accionistas de la compañía. Aunque la opacidad ha sido la característica básica de La Seda durante 20 años, sorprende que un gestor nombrado por el juez mantenga ciertas tradiciones y no apueste por la transparencia.

Pero para sorprendente, la amplía sonrisa con la que el expresidente de La Seda de Barcelona, Carlos Moreira, acudió a la junta de accionistas de la empresa que se celebró el pasado viernes en Barcelona. La liquidación de La Seda le supondrá la pérdida de los 65 millones de euros que él y el grupo de accionistas portugueses que lo apoyan han invertido en la compañía. “Mira, es como el casino, hemos jugado nuestra ficha y hemos perdido una cantidad importante de dinero, pero ya no vamos a perder más“, me aseguraba personalmente.

¿Si Moreira pierde 65 millones con la liquidación, quién gana? El ganador es el grupo norteamericano Anchorage, propietario mayoritario de un crédito sindicado garantizado por valor de 210 millones. Todo el importe de la venta de la división de envases de plástico PET de La Seda (que cuenta con nueve fábricas repartidas por toda Europa) irá íntegramente a pagar ese préstamo.

Por esos activos se han interesado, al menos, el grupo portugués Logoplaste (al que se relaciona con Moreira, aunque él lo niega) y el estadounidense Plastipack (al que se relaciona con Anchorage). Como la intención de la titular del juzgado mercantil número 1 de Barcelona, Yolanda Ríos López, (que tramita la liquidación de La Seda) es vender las fábricas al mejor postor, algunas fuentes creen que el grupo norteamericano presentará la mejor oferta al ser comprador y receptor del importe de la venta a la vez. Sin embargo, Anchorage no es un grupo industrial y su intención posterior a la adjudicación será desprenderse de las fábricas de envases y el potencial comprador podría ser Plastipack.

Las reuniones entre Carlos Moreira y Juan José Nieto (fichado por Anchorage para negociar la inversión en La Seda) duraron varias semanas y, de repente, se rompieron sin motivo aparente y con unas pérdidas de 65 millones para el grupo portugués.

¿Y si ambos pactaron una solución paralela para salvaguardar sus intereses dejando fuera del acuerdo al resto de accionistas y trabajadores de La Seda? ¿Por qué mantener una empresa como La Seda, inmersa en cientos de causas judiciales, si es posible repartirse los activos libres de cargas financieras y, sobre todo, judiciales?

Es un caso en el que la juez Ríos tiene el reto de aplicar la ley y hacer justicia, algo que no siempre es compatible. Como decían en la serie de televisón Expediente X: “La verdad está ahí fuera”.



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